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CIENCIAS NATURALES 

AL AIRE LIBRE

Interacción en el entorno natural

El "Trastorno por déficit de naturaleza" es un término acuñado por Richard Louv con el que describe como los seres humanos, especialmente los niños, pasan cada vez menos tiempo al aire libre, y esta progresiva alienación del mundo natural está resultando en una amplia gama de problemas psicológicos y conductuales.

Louv afirma que las causas del fenómeno incluyen los temores de los padres, el acceso restringido a las áreas naturales y el atractivo de las pantallas. Investigaciones recientes han trazado una relación entre la disminución del número de visitas a los parques y el aumento del consumo de medios electrónicos por parte de los niños.

Aunque la tecnología se haya convertido en una actividad de ocio, Internet, televisión, películas, videojuegos, móviles, tablets y otros tantos aparatos tecnológicos, producen una sobrecarga sensorial, reducen nuestro contacto personal y disminuyen la cantidad de ejercicio que realizamos diariamente.

Existen numerosos movimientos internacionales trabajando a favor de esta reconexión de los niños con la naturaleza, con programas que fomentan una educación medioambiental activa desarrollada en plena naturaleza. En este mismo sentido, el método imaginario incluye en todo su proceso y en numerosas de las acciones desarrolladas la integración con el medio, no teórica, sino prácticamente, en nuestro huerto del jardín y en las praderas y bosques cercanos.

Los espacios cerrados acumulan iones positivos que pueden llegar a producir cefaleas, nerviosismo y malestar. Por el contrario, los espacios abiertos, especialmente en contacto con el agua, tienen más iones negativos, que benefician la salud y el estado de ánimo. Salir para explorar el entorno natural acentúa nuestra curiosidad. Analizar los sentidos de los animales, como el oído de los ciervos, la vista de los búhos, el olfato de los perros, sirve de ayuda para tomar conciencia de nuestras propias capacidades sensoriales, y por ende, practicarlas y mejorarlas.

Para los niños, la naturaleza es parque de atracciones, excelente medicina y aula de aprendizaje. El contacto con ella mejora la salud, la capacidad de atención, el desarrollo motor y cognitivo, la autonomía, la seguridad y la adquisición de valores. Es muy importante ayudarles a descubrir sus verdaderas pasiones y aprender con y desde el mundo natural. Diferentes estudios concluyen que las actividades al aire libre repercuten favorablemente en la reducción de desórdenes como el déficit de atención, la obesidad, el estrés, la fatiga crónica, la miopía y la depresión.

“En el campo es fácil trabajar la tolerancia a la frustración –si llueve te mojas y te aguantas; si te tropiezas o estás cansado mientras estás por el monte te has de aguantar y continuar–, pero también la empatía y el respeto mediante el contacto con los animales y las plantas, o la serenidad y la calma que exigen la observación y la contemplación; se desarrollan muchas habilidades de forma fácil y natural” - Mari Luz Díaz, Directora de la escuela-granja Huerto Alegre, Granada

El juego no estructurado es vital para nuestra salud mental y emocional. Por ello, darlos espacio y autonomía para crear sus propios juegos y actividades imaginativas, preferiblemente utilizando elementos naturales fácilmente disponibles como palos, suciedad, agua y rocas es parte fundamental en su desarrollo cognitivo.

Encontrarse en un espacio abierto, con sensación de libertad, con capacidad de moverse libremente, de observar los procesos que ocurren, es fundamental para el desarrollo de sus habilidades de movimiento pero también un estímulo para sus neuronas, para sus emociones y para su aprendizaje.

En esté ámbito es fácil encontrarse con el misterio de la harmonía natural, más allá de sus límites de comprensión, lo que nutrirá su curiosidad y formará su espíritu investigador. La naturaleza ofrece una experiencia sensorial completa: se puede tocar, oler, ver, oír, probar..

"Los que llegan de la ciudad llegan muy nerviosos, acelerados, hablando muy alto; corren y no dejan de moverse y de querer ir rápido a verlo todo, como si se les fuera a acabar el tiempo; los de pueblo se muestran más tranquilos y serenos, más independientes, con menos miedos, más integrados con el resto del mundo; los de ciudad no se atreven a entrar en el bosque, no se sientan en el suelo para no ensuciarse, se quejan si hay piedras en el camino o si llueve porque les parece que todo se ha de ajustar a sus intereses y sus necesidades” - Cristina Gutierrez, Directora de la granja escuela de Santa Maria de Palautordera, Barcelona

Los alumnos se introducen en el medio natural y aprenden a valorarlo, respetarlo y apreciarlo, estableciendo vínculos afectivos con la naturaleza y los seres vivos, desarrollando sentimientos de respeto y de responsabilidad con la protección del medio ambiente.

Los espacios naturales se convierten en un gran recurso pedagógico para educar la percepción y aprender a discriminar, a categorizar y a ordenar la información, aprendiendo las técnicas de trabajo de campo que sentarán en ellos las bases de la investigación científica.

Y ¿cómo procuramos esta interacción?

- Realizar todas las actividades en el jardín, siempre que sea posible

- Excursiones en busca de insectos y animales por la pradera y bosque cercanos

- Horticultura en el huerto del jardín, plantación, mantenimiento y recogida

- Ejercicios de observación, recogida de información, análisis y experimentación.

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